| UN VIAJE ESPECIAL |
Como todos los días esperó la llegada del subterráneo
en la estación atestada de gente
a esa hora temprana de la mañana.
Se detuvo con esa pasión que siempre tuvo
en estudiar la cara, la forma de caminar,
la actitud de la gente que la rodeaba,
preguntándose como siempre en qué pensaría,
que alegraría esa cara risueña,
y que molestaría a ese con el gesto tan adusto.
Llegó el tren y se apresuró a entrar y sentarse…
Siempre la misma rutina.
El viaje, el trabajo, la vuelta a una casa solitaria,
donde sólo la esperaba el silencio profundo y la soledad negra.
Pero, bueno, ¡esa era su vida hacía muchos años!,
y finalmente ya no le quedaban muchos más...
De un manotazo despejó esos pensamientos
que ni le interesaban ni le hacían ningún bien.
Siguió con su estudio, y sin darse cuenta,
al fijar su vista en el jóven que estaba sentado
en el asiento que estaba frente a ella,
una lágrima se deslizó por su cara…
¡Tantos años transcurridos y no podía obtener consuelo…!
28 años desde el fatídico día en que nació su bebé,
en que le dijeron la gran mentira que arruinó su vida..
"-Señora, su bebé ha muerto…"
Recordaba los días interminables de la investigación,
el corazón destrozado cuando se descubrió el robo
y posterior venta de su hijo…
¡Pero de qué le sirvió saberlo si nunca más pudo encontrarlo…!
De todas maneras, qué le hubiese podido dar ella,
con un marido que jamás la había apoyado ni respetado,
y que finalmente terminó dejándola por otra
cuando estaban en plena investigación…
Ella tuvo que seguir adelante en la vida con su pena,
en un trabajo decentemente remunerado
pero que no le habría podido dar mucho a su hijo….
Finalmente siempre pensó, para consolarse al menos en algo, que su hijo habría sido recogido por una familia que lo habría querido y le habría dado una vida buena..
El jóven miró a la mujer que sentada frente a él lo miraba fijamente y con lágrimas en los ojos, y sintió una tibieza grande invadirlo.
Lentamente le ofreció un pañelo descartable para que se secara las lágrimas, sin decir nada…
Ella murmuró algo más para sí misma que para él, pero la tristeza profunda de esa voz le atenazó el corazón...
Pensaba que le quedaba muy poco tiempo para encontrarse con su familia que lo esperaba para gozar de unas merecidas vacaciones…
Hoy sería el último día de trabajo en la universidad
y luego, el viaje a ese otro país, para él desconocido casi,
porque no se sentía jamás en casa en él.…
Por eso había venido a estudiar y finalmente
se había radicado aquí… Algo de éste país lo atraía…
Y finalmente, aunque su madre siempre le había brindado
un amor y un cuidado casi diríamos excesivo,
aunque la quería,
nunca se encontraba con ella completamente unido…
Volvió a fijar la vista en la mujer frente a él
y tuvo deseos de hablarle, de decirle una palabra de aliento,
pero no se atrevió, tuvo temor a importunarla
aún más en esa pena que surcaba silenciosa su rostro.
La mujer estuvo tentada a cambiarse de asiento
cuando vio al joven que la observaba.
Sabía que su cara de pena, que su muerte interior
por la pérdida de su hijo molestaba a mucha gente,
pero no podía evitarlo…
Se secó presurosa la cara y estrujó el tissue en sus manos
sintiendo que al menos ese simple detalle
la hacía sentirse un poco unida a alguien…
Su hijo tendría que tener posiblemente su edad,
la del muchacho frente a ella…
Estuvo tentada de preguntarle cuantos años tenía,
porque no lucía más de 28 años,
gallardo, buen mozo, rubio y con ojos color avellana
como los que tendría su hijo…
Sabía que la tildaban de loca,
porque en cada jóven veía a su hijo o creía encontrarlo,
así que mejor dejaba de mirarlo…
Ya la vida había casi transcurrido,
y no mucho faltaba para que ella dejase de sufrir,
sabiendo que ya no había ninguna oportunidad
de encontrarlo nuevamente…
El jóven volvió a mirarla
y cuando la vio levantarse para bajarse,
hecha casi un ovillo de sufrimiento,
en la misma estación que él ,
algo que el tachó de loco e imulsivo
lo instaba en acercarse y hablarle, invitarla a un café,
tratar al menos de menguar de alguna manera el sufrimiento
que llevaba impreso en el cuerpo entero…
Pero no se atrevió…
¡Qué loca idea esa que lo atraía dulcemente
hacia esa doliente mujer!
¡Qué tibieza y que ganas de menguar
en algo el dolor que reflejaba!
¡Pero qué podría hacer él, un ilustre desconocido
ante un sufrimiento que no conocía...!
Caminó detrás de ella a la salida
y luego por las escaleras metálicas,
y cuando finalmente ella salió de la estación
en sentido contrario al suyo, se alejó….
La mujer volvió la cabeza
y lo vio caminar en dirección contraria a ella,
se fijó en sus espaldas erguidas,
en su caminar elástico y decidido,
y pensó, como siempre lo hacía, si ese….
¡Sería el hijo perdido….!
MARIANGELA
