| PERMISO.. Sr. OLVIDO |
Ayer me acerqué a tu ventana, risa juguetona y te reiste de mí...
Quise acercarme a tí amor, y no me dejaste...
Me moví silenciosamente y en puntas de pie, evitando las hojas resquebrajadas del recuerdo...
Fuí trepando lentamente por la escalera del desaliento, de la angustia y del desencanto...
Pero a tí, miedo, sí te encontré, te anduve y te recorrí... Me hiciste cosquillas en lo profundo de mi ser y te entretuviste jugando con mi corazón...
Todos te dieron paso inquietos ante tu presencia... Y fue entonces cuando grité: "-¡Olvido...!", porque tú me habías invadido...
Pero el olvido no escuchó mi llamado. Estaba ciego y sordo a mis angustias y a mis miedos... Me subí a una tarima de palabras y frases lastimeras, de suspiros y de sollozos, mientras la pena despacio iba navegando por mi sangre...
¡Fuí una loca marioneta en sus manos expertas!
Bailé con ella mil histéricas danzas, embriagada de llanto y desesperanza, mis cabellos chorreando desencantos...
Y en mi frenética danza seguía llamando enloquecida al olvido. Le prometía miles de maravillas y ser su compañera eterna...
Entre vertiginosas vueltas y giros, y en medio de la danza llegué a su puerta. Golpeé su dorado aldabón y le rogué permiso para entrar...
Quería probar su comida, leer su historia en blanco, tratar de no aullar más mi desesperanza, de que la pena se alejase de mí, harta ya de su danza macabra...
Pero ella había enraigado en mi vientre, había rasgado las vestiduras de mi razón y se había adueñado de mí. Enamorada de mis caderas se balanceaba en mi estómago y estiraba seductora sus angustiosas manos por mi pecho, explotando en mi garganta en mil quejidos penumbrosos...
Grité nuevamente al olvido pidiendo su ayuda, le dije que me enviase su lluvia pacífica para lavarme la pena, para arrancármela de la vida, pues su amor me mataba.
Le conté que quería escribir en su casa un poema sin pasado, que destruyese el dolor y borrase sus huellas.
como un médico en su tarea me pidió desnudarme de mis recuerdos, y sacando la gran bolsa del tiempo comencé a poner mis ropas adentro...
Me dio un gran baño de espuma de brisas, de sol radiante y primavera tibia que cambiaron mi noche helada, y me dijo; "-Ahora sí.... te invito a mi casa..."
Despacio me encaminé hacia él: "-¡Permiso.... Sr. Olvido...!"
Y comencé a escribir mi poema desnuda. Y el olvido comenzó a reinar...
Llamó a cada sensación doliente, a cada recuerdo escondido y enquistado, a cada añoranza triste y las obligó a subirse a su barca encantada con rumbo al nunca jamás...
Convocó entonces a la esperanza, a la risa, a la ternura y al amor para que compartieran nuestra cena y se convirtieran en los guardianes que alejaran a todos lo que podían atacarme y que habían estado usurpando mis sentidos: la pena, la amargura, el llanto y la tristeza...
Me enseñó entonces el significado de vivir la vida con él, de acunarse en sus brazos amorosos y tiernos, en la tibieza y en la placidez de su compañía....
Ahora vivo en su casa y jamás me apartaré de él, jamás lo dejaré ir. He cerrado mi puerta con su llave...
Ahora... ¡cuento mi historia sin historia, y vivo mi presente.. sin pasado!
