| LA RISA |
Un día salí a la calle, bajo el sol quemante de una mañana de verano, a buscar una sonrisa…
Me adentré en las calles donde la gente apurada caminaba con gesto adusto, ¡no había sonrisas!
Nadie reparaba en mí, nadie veía a nadie…
¡Y yo buscaba una sonrisa…!
Paseé porlas galerías y por los subterráneos…
Sólo encontraba la sonrisa fingida de un vendedor tratando de atraer a su cliente, o la risa pura y sana de los niños, pero la risa, la que llena el alma de la gente…. No estaba…
Me encaminé a un parque, me senté a la sombra solariega de un sauce cantarino cuyas ramas me besaban al moverse al compás del viento…. Pero no encontraba la risa…
La gente miraba pasar a los demás con un gesto abúlico en su cara, con la monotonía pintada en el rostro, pero no esbozaba sonrisas…
Entonces decidí entregar yo una sonrisa, poniendo en ella mi alma… para que viese que pasaba…
Me acerqué a una jóven que estudiaba afanósamente un grueso tratado cómodamente estirada en el pasto refrescante y me quedé mirándola…
Cuando ella levantó la cabeza para mirarme, le sonreí, y le entregué un pedacito de mi alma…
Sentí como mi sonrisa entraba en su ser por sus ojos y recorría todo el largo camino de aprendizaje y sorpresa hasta llegar a tocar su propia alma…
Me devolvió una sonrisa tranquila y pacífica, con la calidez del conocimiento de lo bien que nos hacíamos la una a la otra…
Cuando la muchacha se levantó para encaminarse a su casa, mi sonrisa, que bailoteaba en su interior, le hizo recordar la sonrisa de su madre, a la que no llamaba ni escribía hacía tiempo…
Larga y tibia fue la carta que partió con rumbo lejano, llevándose con ella mi trocito de alma y de sonrisa…
Cuando el cartero golpeó a la puerta y dejó en la mano de la madre la carta, mi sonrisa entró en el corazón preocupado de ella y le curó las heridas…
A medida que ella leía la carta, mi sonrisa se ensanchaba en su boca…
Rápidamente la mujer llamó a su hijo diciéndole que le tenía una hermosa sorpresa, que su hermana finalmente había escrito, y por el cable del teléfono mi sonrisa voló a los oídos felices del jóven que escuchaba y se expandió alegrando su ser…
Cuando el muchacho salió a encontrarse al bar de la esquina con sus amigos a tomar su café acostumbrado, iba tarareando una canción en la que flotaba mi sonrisa…
Y cuando finalmente pagó la consumisión, la alegría que lo embargaba lo llevaron a dar una inusitada propina al mozo que lo servía…
Y mi sonrisa voló hasta la mano que agradecida que la recibía pensando en lo bien que le vendría a su familia esa entrada extra.. Y mi sonrisa se expandió a toda una familia que gozó de los bienes obtenidos…
El mozo salió feliz luego de terminar sus tareas, y pensó en repartir su regalo, y nada mejor que ayudar a alguien que lo necesitaba, y se dirigió a la anciana que en la esquina pedía limosna… y compartió con ella sus bendiciones…
Y mi sonrisa cayó tintineando en una cajita de cartón, pobre y destrozada y se elevó dando calor a una viejecita que pensó que al menos esta noche podría comer decentemente…
La viejecita feliz comió parte de su comida y mirando al pobre perro callejero que la había seguido por días hasta que a pesar de su extrema pobreza acogió, sabiendo que podría bien darle un techo donde refugiarse de las inclemencias del tiempo, pero no comida a diario, repartió con él los restos de su comida…
Y mi sonrisa entró por la boca ávida del perro que devoraba su primera comida en días, y que devolvió la sonrisa lamiendo las manos de su ama y recostándose como siempre a los pies de su cama cuando ella se fue a dormir…
La vela con la cual la viejecita se había alumbrado cayó al suelo…. Poco bastó para comenzar el incendio en la precaria edificación….
Pero mi sonrisa seguía despierta y el perro comenzó a ladrar furiosamente para despertar a su ama, y la arrastró como pudo hacia la calle salvando su vida…
Ante el alboroto los vecinos despertaron y se salvaron del devastador incendio que consumió tres viviendas..
Mi sonrisa estuvo entonces volando de alma en alma de la gente agradecida al perro que les había salvado la vida…
Mi sonrisa continúo su camino por años y años, y ahora ya se repartió en muchas almas…
Por eso ahora, cuando voy por la calle, sonrío al mundo, para que mi alma vuele con la sonrisa, aunque no reciba un pedacito de otra a cambio…
Una sonrisa puede hacer una gran diferencia…
Miles de sonrisa pueden movernos a tener un mundo diferente…
MARIANGELA
