La pulga miró a la gata que se paseaba galana con los demás gatos y detuvo el impulso de saltar sobre ella…
Estaba acostumbrada a andar de gato en gato y de perro en perro…
Pero esta gata con sus embagues, con su cabeza alta y desafiante y su blancura radiante no sabía por qué… la intimidaba… aunque deseaba lanzarse sobre ella…
La gata observaba a la pulga que la miraba desde un rincón y desde lo más recóndito de su ser esperaba el ataque, segura de destruirla del primer zarpazo, como estaba acostumbrada a hacer….
¡Ninguna pulga la picaría ya a ella..! Conocía demasiado bien la mordida de ellas y el escozor que quedaba luego de que paseaban un rato por su pelaje y le hacían esa cosquilla que tanto le gustaban…
La pulga decidió dar el salto… y se quedó quieta escondida entre la pelambre esperando la reacción…
Como pasados unos momentos no hubo ninguna, y ella era una pulga traviesa, comenzó a pasearse tranquilamente por la gata y a recorrerla conociendo cada uno de sus puntos… sabiendo así de sus debilidades, sus defectos y sus bellezas…
La gata quedó quieta ante el avance de la pulga, relamiéndose en la seguridad de que otra vez alguien intentaría la mordida. Pero ella era imperturbable, y antes de que lo lograra, seguro la destruiría, Mientras, la dejaría pasear un rato y regodearse en su cuerpo, total… eso a ella no la molestaba.. y sabía que era inmune a las picadas…
La pulga deseaba picar, pero ante el temor a lo que sucedería y ante la maravilla de la tibieza que encontraba no se decidía a hacerlo, prolongando el placer de recorrer todas esas profundidades y vericuetos de los que estaba hecha la gata, explorando cada uno de los poros por los que emanaba el vital fluído que a ella la alimentaba, pero sin decirdirse finalmente a libar su savia…
La gata se estaba acostumbrando al paseo de la pulga, a la maravilla de su cosquilleo sobre la piel, a sentirse descubierta y recorrida mientras ella, a su vez recorría y descubría a la inquieta pulga que de pronto estaba y de pronto desaparecía, como si por arte hubiese salido de su superficie… ¡Ya ansiaba cuando se despertaba el sentir a la pulga caminando en su ser…!
La pulga pensó en irse, porque a pesar de que la gata tenía su alimento preferido, y ese que sabía que la podía alimentar perennemente, tenía miedo a drogarse con su sangre y no poder abandonarla más, tenía miedo a atarse a una gata, que por más blanca, radiante y misteriosa, no dejaba de ser una gata más.Y viendo su próxima víctima saltó, dejando su corazón junto a la gata blanca…
La gata sintió el desprendimiento y estiró entonces su mano tratando de alcanzar a la pulga para devolverla a su sitio, sabiendo que ya nunca más podría vivir sin esa extraña pulga, saltarina y misteriosa que la recorrió por tanto tiempo sin morderla, sin atreverse a alimentarse de toda el ímpetu de vida que ella estaba preparada para darle…
Y allí, con la pulga, ¡se fue un pedacito de su corazón…!
Dicen que a veces ven a la gata pararse a mirar a la pulga que pasea por otros cuerpos, y ven a la pulga inmóvil observando a la gata que la examina… pero que en los ojos de ambos, no hay temor, no hay malicia….
¡Que ambos se ven como viejos conocidos a los que les faltó la mordida..!
Dicen que se miran a los ojos interminablemente reconociéndose… y que en los ojos de ambas… ¡hay sólo amor….!