| DESILUSION |
Comenzó a levantarse de su cuerpo. Estaba en trance... ya sabía lo que le esperaba y se relajó completamente para hacerlo mejor.
El cosquilleo electrizante que le envolvía el cuerpo, desde la planta de los pies, lo embargó.
Esa música especial empezó a sonar con una melodía exquisita y quedó embelesado.
Comenzó a sentir la ingravidez que lo llevaría a su nuevo viaje por senderos desconocidos, hasta visitar todos esos reinos que nunca había visto, pero le apasionaban…
Inició su viaje nocturno y se dirigió a la puerta con una gran paz interior…
Y volvió al lugar paradisíaco que lo tenía completamente enajenado, día y noche…
Vio la larga calle polvorienta que lo acercaba al antiguo pueblo de sus ancestros y comenzó a recordar historias que había escuchado desde muy pequeño, y que hablaban de todas esas personas que solo vivían en su mente, que sólo conocía por relatos de sus abuelos, y que lo habían llevado a ese embeleso por ella, por esa hermosa doncella de rubios cabellos llamada Margarita.
Siempre le había gustado sentarse a escuchar los relatos de la abuela, cuando hablaba acerca de Margarita, la chica más linda del pueblo.
Cuando ella era muy jóven, su dulzura fue reconocida por todo el pueblo. Todos los jóvenes de alrededor morían por su amor y la posibilidad de ganar sus favores.
Pero ella se mantenía alejada de todo lo que fuera el amor.
Sus ojos estaban dirigidos sólo a un hombre. Pero para su desdicha, él era casado, relación que, por supuesto, no tenía futuro en esa época, y que la sumía en la amargura de un amor imposible y fuera de toda razón.
Arrasada por la desesperación, un día dejó una carta de despedida, y desapareció. Nunca más se supo de ella.
Todos rumorearon que se había ahogado, que se había arrojado a la laguna. Pero, por más que se buscó, jamás se encontró rastros de ella.¡La habían tragado las aguas!
Por eso él estaba allí, sentado en esa piedra, sobre la orilla oscura, como tantas noches. Porque sabía que la vería, que si la esperaba, ella vendría a su encuentro, que podría conocerla, verla y saber de su gran amor, hacerle saber del suyo….
Sentía unas irrefrenables ganas de contar lo que estaba sucediendo, pero no sabía que era, ni por donde empezar.
Mientras pensaba, algo llamó su atención en el otro extremo. Se dirigió rápidamente hacia allí para descubrir que había sido un conejo.
Volvió a su sitio y…. ¡Oh, sorpresa…! Ella había salido. Sus huellas húmedas habían dejado trazos, primeramente en el lodo de la orilla y luego en los pastos aplastados.
Nuevamente había perdido la oportunidad, pero sabía que habría algún momento para encontrarla. Sabía que ella era eterna y que él la encontraría para compartir su eternidad.
Lentamente emprendió el regreso hacia ese cuerpo abandonado allá, en el silencio de la habitación, en otra dimensión y en otra época histórica…