| ARBOL SECO |
Caminaba por la calle con tu recuerdo dormido,
Descorchando sensaciones y dejando chisporrotear alegres
Sus burbujas embriagantes…
Calle angosta y polvorosa de un pueblito tranquilo,
El de mi memoria antigua…
Donde el viento de la añoranza levantaba
Ramaladas de dulzuras y ternuras,
Donde el vaho enmohecido de la tarde
Saludaba demasiado temprano a la oscura noche que se avecinaba…
Me llenaba el cabello
De agrestes margaritas amargas
Que supuraban su hiel sobre mi piel desnuda.
Bañada con la miel de mis sentimientos
Me pegaba cada hoja seca del pasado…
La costra de mi cuerpo reseco se cubría con la sabia
De mi propio yo,
Y despacio renacía la mariposa de la comprensión…
Te miraba nuevamente
Como si no te conociera,
Desmigaba tus actos y no los encajaba
Con ese recuerdo que tenía fijado y que me llenaba…
¡Cómo te había fabricado tan distinto…!
Y comenzabas a alejarte, despacito y galopante
Mostrándote ahora sí como eras,
O como pretendías que ahora te viese…
Y despacito me iba liberando,
¡Qué hermosa sensación la de no sentirme ya más empapada
con las mentiras de mis sentidos…!
Ya casi no te diviso, ya casi no te recuerdo,
Porque fuiste sólo un producto
De mi pobre imaginación…
Y como un árbol de una triste calle
Te fuiste secando sin prisas ni pausas
Y hoy, cuando vuelvo a pasear por tu anatomía,
No reconozco su sombra, ni me invade su perfume,
Es un árbol diferente, que ni sombra ni fragancia expande…
Es ahora un fruto muerto
Que se desangra lentamente fundiéndose en la tierrra,
Buscando un nuevo camino….
Camino ahora por mi ciudad
Con las ansias y los bríos
De nuevas ilusiones que llegan,
Y viendo por primera vez en los siglos
Que otros árboles quieren producir su sombra,
Que otras flores pueden perfumar mi senda…
¡Soy libre de tu hechizo
y bendigo a la vida por ello!
MARIANGELA
